jueves, 28 de julio de 2011

LOS CROW (INDIOS CUERVO)

OJEADORES CROW
JEFE CROW

GUERRERO

Este pueblo de indios norteamericanos era muy guerrero, orgulloso y despreciaba a los blancos.
En su propia lengua se llamaban apsaroke, que quiere decir el pueblo del pájaro. Más tarde, los franceses., con quienes primero entraron en contacto, les llamaron Gente del cuervo, de donde proviene el nombre inglés de crow. Los hidatsa, tribu con la que están emparentados, los conocían como hijos del ave del pico largo.

Asentados en Montana

La lengua de estos nativos norteamericanos era la misma que la de los sioux y estaban instalados, principalmente, en lo que hoy es el estado de Montana, en el curso del Yellowstone y su afluentes; pero también algo más al sur, en el río Wind, ya en el estado de Wyoming. Pero no era este su territorio original, pues, al igual que el resto de las tribus, como cheyennesarapahoecheroquis o pies negros, fueron desplazados hacia el sur por la expansión de otras tribus algonquinas e iroquesas.
GUERREROS CROW
Hasta mediados del siglo XVIII formaron una gran nación junto con los hidatsa, de los que nos ocuparemos en otro artículo, y junto a ellos llevaron a cabo la migración que los llevó desde Minnesota y Wisconsin, junto a los Grandes Lagos, hasta Dakota del Norte, hasta que, sin que sepamos los motivos, decidieron separarse y encaminarse en solitario hasta Montana y el centro y noroeste de Wyoming. Más tarde, la misma tribu se dividió en dos: los crow del río y los crow de la montaña.
GUERRERO
GUERRERO
Los Crows pertenecían a la familia de los Sioux y antes de la llegada de los blancos practicaban de forma sedentaria la agricultura y la caza. Se separaron de sus hermanos los Hidatsa hacia el año 1750, quizás porque ya poseían caballos y prefirieron una vida nómada en persecución de los bisontes; abandonaron pues, sus chozas de madera y tierra a cambio de tiendas de piel, y se establecieron en la curva que forma el Misuri. Su habita variaba según las estacones. En verano, referían la frescura de las estribaciones de las Montañas Rocosas, en cuyas mesetas encontraban fértiles pastos para sus caballos, así como gran abundancia de caza: ciervos, venados, antílopes, osos y carneroa salvajes. En otoño volvían a las llanuras para colocar trampas para castores y , sobre todo, para cazar los bisontes que constituían su reserva de carne seca para el invierno. Cuando llegaba el frio se refugiaban en los bosques que crecían a lo largo de los cursos de agua: por allí erraban aún algunos grupos retrasados de bisontes y, hasta cuando caía la nieve abundante, la corteza de los álamos les garantizaban el forraje para sus caballos,
Se cree que hacia 1830, los Crows, distribuidos en diversos grupos, eran unos 5.500 individuos, 1.200 de los cuales eran guerreros; vivían en 400 tiendas y poseían 10.000 caballos. En las vastas extensiones que más tarde se llamarían Montana, residían también otras tribus, como los Mandan, y los Vientres Gordos, los Nariz Horadada y los Minetarees, con los que mantenían relaciones amistosas; pero los Dakotas, los Cheyennes, los Pies Negros, los Cabezas Planas y los Arapajos se contaban entre sus más feroces enemigos. Estas rivalidades mantenían vivos en el corazón de los jóvenes bravos los instintos guerreros.
La caza, tan importante como las reyertas, era vital y ocupaba una buena parte de la actividad de los hombres. No pescaban, ni mucho menos consumían la carne de los peces, ya que las criaturas que viven en el agua eran consideradas como alimento impropio del género humano. Los Crows armados con sus arcos, abatían facilmente a los cérvidos, pero si se trataba de los bisontes, tenían que medir sus fuerzas con el adversario de altura. En los antiguos tiempos, los Crows utilizaban el método de  la "voltereta", que consistía en asustar a un grupo de bisontes desviándolos hacia un barranco, al que caían algunos de ellos empujados por sus congéneres, rompiéndose las patas. El cazador también practicaba la aproximación lenta a la presa, hasta poder disparar sus flechas a una distancia conveniente, disfrazado con una piel de lobo, basándose en el hecho de que los bisontes machos no huirían de los lobos, sino que los hacían frente colocándose en círculo alrededor de las hembras y de las crías para protegerlas. Convertidos en jinetes, los Crows adaptaron sus movimientos estratégicos a las reacciones del bisonte : divididos en dos columnas, se acercaban al rebaño encerrándole poco a poco en una amplia tenaza. En cuanto los bisontes se sentían acosados se lanzaban al galope; pero el círculo de cazadores, que se cerraban entre ellos lo mejor posible, interrumpían la dirección de la carrera, obligándoles a desviarse, sobre todo a los animales de la cabeza, de forma que el rebaño se veía obligado a dar la vuelta. Maniobrando en medio de esta refriega, los Crows abatían algunos bisontes, bien hiriéndolos con las lanzas, bien disparándoles flechas, Pero podía suceder que un animal herido, enloquecido por el dolor, atacase a los jinetes y desmontara a alguno de ellos: el hombre corría entonces peligro de morir pisoteado. A causa del movimiento que se obligaba a adoptar al rebaño, los bisontes tendían a presentarse de costado, lo que permitía a los cazadores apuntarles al corazón, detrás de la paletilla izquierda, o al vientre, detrás de la última costilla:  y, en esos casos, una flecha disparada casi a quemarropa podía penetrar en el cuerpo del animal con tal fuerza que lo atravesaba de parte a parte. Esta herida no era fulminante pero si mortal de necesidad. El Crows ponía todo su amor propio en  no emplear más que una flecha para matar a cada bisonte, porque cuando las mujeres descuartizaban la pieza, sabían identificar las flecha de cada hombre, y no dejaban de contar a quien quisiera oírlas en el campamento su falta de habilidad y el número de flechas inútiles con el que había agujereado a la infeliz víctima.
Desde que tuvieron fusiles, los Crows adquirieron la constumbre de recargar al galope de su montura. Verter la carga de pólvora mediante el cuerno era todavía cosa facil; pero el hallazgo consistía en guardar las balas de plomo en la boca: así bastaba con escupir una en el cañón, a través del cual descendía para ir a situarse sobre la pólvora; se cebaba el fusil dando golpes en la culata, de forma que un poco de la pólvora cayera en la cazoleta, y la chispa de xiles hacía el resto. De esa forma, sin taco ni baqueta, los cazadores disparaban sobre los bisontes a 10 ó 15 pasos, manteniendo el fusil separado del cuerpo.
Para los Crows el bisonte era la más bella creación del Autor de Todas las Cosas, ya que tenía el don de proporcionarles con abundancia todo lo necesario para vivir. De hecho, la caza del bisonte revestía cierto carácter sagrado: se oraba al Espíritu del Bisonte para que fuera favorable, se le respetaba u se le pedía perdón ppr coger su carne y su piel. Después de la caza era costumbre dejar el corazón del animal donde se le había cazado, en un gesto que significaba la voluntad de sembrar un nuevo bisonte. Dado que la providencia del Autor de Todas las Cosas se manifestaba a sus hijos a través de este poderoso maná, todos los actos de agradecimiento o de imploración debían transcurrir por las mismas vías; de ahí la presencia del cráneo del bisonte en las tiendas y su utilización durante las ceremonias religiosas, sin olvidar todas las formas de representación gráfica y simbolica que expresaban en el arte de los Crows.
En cuanto los animales eran abatidos, las mujeres se dirigían hacia allí para proceder el descuartizamiento; los pedazos de carne que se iban cortando se colocaban sobre la piel extendida, que serviría después para envolverlos. Mientras cortaban y deshuesaban, las obreras masticaban algún rico pedazo crudo; pero el mejor bocado se reservaba para el cazador: el hígado, todavía caliente, del cual saboreaba una enorme porción. Para transportar los pesados fardos hasta el campamento, las mujeres los arrastraban o los cargaban sobre el trineo. Una parte de la carne se consumía fresca, y el resto se ponía a secar. Pero el bisonte no se limitaba a saciar el hambre del Crow: también le calentaba, le abrigaba y le vestía con su piel, le proporcionaba sacos para guardar sus cosas, arneses para sus cabellos y toda clase de cuerdas y correas para sus herramientas. De sus huesos se podía obtener desde el más fuerte rascador a la más fina de la leznas, pasando por puntas de lanza o de flecha. Dejando secar los nervios (en realidad la membrana aponeurótica de los músculos dorsales) se extraían fibras cuya finura y solidez permitían la costura y el bordado. Retorciéndolas, se confeccionaban perfectas cuerdas de arco.
Se estima que había unos 75 millones de bisontes en el continente americano al comienzo del siglo XVIII. Cuando llegaba el verano, período de reproducción, las manadas dispersas se reunían en gigantescos rebaños, movedizos como las olas del mar, que invadían la pradera hasta los límites del horizonte. Entonces los machos se enfrentaban en durísimas luchas, entre nubes de polvo, bajo la mirada plácida  de las hembras. Durante el resto del año los bisontes vivían en grupos dispersos por las regiones más variadas. Ni siquiera la llegada del invierno hacía que se produjeran migraciones masivas hacia el sur, ya que numerosas manadas preferían afrontar, sin movilizarse, la nieve y el frío. En este periodo, los bisontes presentaban su mejor aspecto: su carne era abundante en grasa,  y su piel mucho más espesa; después, en cuanto comenzaba la primavera, los bisontes perdían su vestidura invernal, que se les desprendían en grandes puñados de pelo revuelto. Los Crows escogían este momento para preparar sus provisiones de mantas y de vestidos cálidos y, sobre todo, de carne seca; la caza entraba en un periodo de intensa actividad.
Hacia  1830, los hombres blancos comenzaron a saquear esta inmensa reserva viva de carne; se pensaba que era inagotable, e incluso se la estimaba molesta cuando bloqueaba las vias del tren o el paso de las carretas. La invención de los rifles de repetición y la necesidad de pieles que Europa manifestaba, transformaron la caza en matanza. No se aprovechaba más que la lengua, algún pedazo escogido y la piel, y se dejaba pudrir el resto de aquella carne maravillosa. De esta forma, al comenzar el siglo XX, solo por muy poco se salvo el bisonte de la extinción total: ya no quedaban más que una veintena.
EL MARAVILLOSO BISONTE:
HOMBRE MEDICINA
Os pongo una relación de todo lo que les proporcionaba el bisonte.
PARA QUE USABAN LOS CUERNOS: Adornos para la cabeza, recipientes para la pólvora, ojales de lazo, cucharas, recipientes varios, enderezadores, flechas etc etc...
QUE LOGRABAN CON LA PIEL CRUDA: Lazos trenzados, cubierta de arzones, arneses, correas y cuerdas, refuerzos y sujecciones, mangos para herramientas etc etc...
CON LA PIEL CURTIDA: Cubierta de tiendas, bolsas para transportar sus comidas y enseres, forros de sillas de montar, y con la PANZA: Cubos para el agua, recipientes de cocción etc etc...

CON EL CUERO CRUDO: Escudos, fundas para cuchillos, recipientes diversos, paraflechas, bolsas, suelas de sus calzados, etc etc...º
CARNE: Carne seca, "pemmican" , etc etc ...
CON LOS TENDONES : Fibras para coser, cuerdas de arco, cuerdas diversas etc etc...
CON LA PIEL: Mantas para abrigo, mantas para caballos, gorros y manoplas para todos, 
CON EL PELO: Relleno de sillas de montar, cuerdas trenzadas, adornos, etc etc,,,
VIEJO GUERRERO
CON LA BOSTA : Combustible.
CON LAS PEZUÑAS: Sonajas, Cola (pegamento),
CON EL RABO: Matamoscas. etc etc...
CON LA PIEL CURTIDA: Abrigos, camisas, polainas, bandas de los calzones, vestidos, mocasines etc etc...
CON LOS HUESOS: Médula, rascadores para pieles, leznas, puntas de lanza, patines de trineo, pinceles, etc etc...
SESOS, HIGADO: Vitaminas, ingredentes para curtir. etc, etc...
GUERRERO
GRASA: Jabón...
GUERRERO
LENGUA: Cepillos para el pelo....

2 comentarios:

  1. Muchas gracias, Gonzalo. Me ha servido de gran ayuda para el mini-relato que tenía que elaborar. ¡Bendiciones!
    https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1089154871214855&set=a.199722080158143.46479.100003610583136&type=3&theater

    ResponderEliminar